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martes, 26 de enero de 2010

Haiti... la independencia jamás!

Dicen que esa fue la frase de Napoeon Bonaparte cuando su colonia antillesa mas importante, se sublevó.
Este artículo de Eduardo Galeano (uruguayo) fue publicado hace 6 años, e ilustra palmariamente la realidad socio-política de nuestro hermano país.
No todo se soluciona con unas pocas moneditas donadas a alguna ONG del primer mundo!
Para mas, los rusos denuncian que el catastrófico terremoto que lo acaba de devastar, fue producto de un "experimento" de los USA!
Tal vez como Hiroshima y Nagasaki? O el bombardeo de Dresden?

Para leer y pensar, sobre "las realidades" que nos venden los medios de comunicación masiva del mundo entero... donde las "fatalidades" son siempre "fatales" para los mismos: los pobres, los indios, los negros, los enfermos, los marginados, los animales que se extinguen...
Una "cosmovisión" bien occidental que ya no puede seguir dominando nuestras mentes y almas.

Nuevas y otras realidades, son siempre posibles.
Claro que no con estos "lideres a la occidental" que nos llevan como "chanchos p al matadero".
Debemos abrir nuestros corazones a otras visiones mas sutiles y leves.

Paz, luz, armonía y amor

I n laa ke ch

mandrake

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Haití: La maldición blanca,
Por Eduardo Galeano

El primer día de este año 2004, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud. Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo. Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló. La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? –El anterior. –Pues, que se restablezca. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos. A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854. En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.

La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo. Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.

Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza.

Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional. En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

miércoles, 20 de enero de 2010

Haití...siempre puede haber otras visiones!

Ayer, cuando terminé de escribir el post anterior, de alguna manera sentí que había sido descarnadamente explícito y duro.

Sentí que me faltó una vision mas profunda que la politico/ecolo/pacifico/espirtuo... etc.
Una vision que pudiera hacer algo por las cientos de miles de almas que han desencarnado en el hermano país y en aquellos que sufren dolor y pena por los muertos, y por los que sufren padeciemientos y dolores físicos.

Una amiga, me mandó este texto y me pareció que él refleja mejor este lado que faltara en mi primer post.

No es que comparta todo lo que se dice, pero quiero ser respetuoso con quien lo escribió y lo publicaré entero, salvo las imágenes que no las pude bajar/subir (entre ellas la de la Gran Invocación, esta en la pagina web).

Soy de los que piensa y siente, que elevarse a un punto para orar, o meditar, o imaginar o transmitir bienestar, luz, amor, armonía y paz a los semejantes es un ejercicio que SIEMPRE VALE LA PENA!

I n laa ke ch

mandrake

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REFLEXIONES SOBRE HAITÍ

Cuando el Universo quiere que la humanidad centre su atención de manera global en una zona, siempre crea circunstancias masivas que obligan a ello. Haití no ha sido la excepción. El mundo entero mantiene su atención ahí y así permanecerá por un tiempo obligándonos a reflexionar y volver la mirada a las zonas que hace falta atender de manera masiva e individual.
A través del sufrimiento y el dolor se nos está obligando a crear cambios necesarios que no han podido hacerse a través de otras formas. Haití se desploma y con ello se desploma una existencia de esclavitud, pobreza, dolor, miedo, carencia y un sistema caduco.
Energéticamente se libera. Físicamente quedan las acciones a tomar.

La realidad de Haití no está aislada a las demás zonas del mundo. No estamos alejados ni exentos de una catástrofe similar. En términos espirituales, Haití, nos refleja mucho de nuestra sombra también. Haití ha sido siempre la representación de la pobreza, la carencia y el miedo más básico de sobrevivencia, entre otras cosas.

También nosotros seguimos siendo esclavos. Atados por dinero, presas de nuestros propios deseos.
Esclavizados a trabajos que no nos llevan a ningún lado para cumplir deseos materiales superficiales que nos atan aún más y que no satisfacen las necesidades más profundas del alma.
Esclavizados a un sistema económico, político, religioso y social que no acepta el cambio, esclavizados de nuestras ansias de riqueza y de poder vistos desde una perspectiva limitada y superficial.
Vivimos en base al miedo, miedo de no tener, miedo de que se termine, miedo a no sobrevivir. Guardamos en nuestras memorias ancestrales y colectivas miedos básicos que YA NO PERTENECEN A NUESTRA REALIDAD ACTUAL y que es preciso soltar ya, pero que no sólo sostenemos en nosotros, sino que los alimentamos día a día.

Es imposible mantenernos indiferentes al dolor y dejar de movilizarnos a través del sufrimiento que Haití representa.

Nuestra ayuda a Haití la podemos dar a todos los niveles HAZLO A TODOS LOS NIVELES:

A nivel físico
Realiza las donaciones pertinentes que puedas realizar. A estas alturas ya tendrás datos concretos de lugares para hacerlo.

A nivel energético
Te propongo un ritual para mantener la Luz en tiempo indefinido. Mantén encendida una vela blanca por Haití. Prepara tu vela antes de encenderla para cargarla de energía y consagrarla a este propósito de la siguiente manera:
•Frota tus manos (para abrir tus canales energéticos).
•Sostén entre tus manos la vela, mientras lo haces visualiza luz para Haití, liberación del dolor y sufrimiento, amor para cada una de las personas, imagina un Haití libre, en amor y felicidad.
Visualiza y siente. Imagina colores como el violeta, el rosa o el blanco cubriendo Haití. Cada imagen y sentimiento es una impresión energética que estás haciendo.
Si puedes extender esta energía para ir más allá y visualizar el planeta entero de esta manera, mucho mejor ¡el mundo entero lo necesita!.

De esta forma, ha quedado impresa esta frecuencia y al encenderla, esta energía se liberará a través de su llama movilizando la energía para su realización.
•Mantenla encendida por lo menos 15 minutos diarios. Mientras está encendida puedes rezar alguna oración. Te sugiero La Gran Invocación pero si tú tienes en mano otra, elije la que sea mejor para ti.
•No apagues la vela soplándolas, utiliza siempre un apaga velas.
•Puedes mantener este ritual los días que tú desees. El caos mundial que estamos viviendo requiere de mucha gente, mucha energía y tiempo para polarizarlo. Tú decides el tiempo.

A nivel espiritual
Aunque cada catástrofe responde a una determinada concentración de energía en el lugar en el que se manifiesta, no podemos quedar fuera de la responsabilidad que todos y cada uno tenemos en ello.
Sanamos a través de lo que nos refleja nuestro entorno y al sanarnos, sanamos nuestro entorno también. Sánate a ti mismo a través del espejo de Haití ¿Qué refleja de ti o de tu país?.
Disuelve en ti los niveles de carencia que tienes. Disuelve en ti los niveles de esclavitud existentes, libérate de tus propias cadenas y las limitantes de los deseos basados en el materialismo puro y tu miedo a no tener. Libérate de los diferentes rostros del miedo, ya no son necesarios, ya puedes hacerte cargo de tu vida con responsabilidad.
El llevar tu atención a estas zonas, reconocerlas y aceptarlas abre la puerta al cambio.
ÚNETE A ESTA RED
ENCIENDE UNA VELA POR HAITÍ Y EL MUNDO
SANA TUS HERIDAS MÁS PROFUNDAS A TRAVÉS DEL ESPEJO,
PORQUE NO ESTAMOS SEPARADOS,
PORQUE SOMOS PARTE DE LO MISMO,
Y PORQUE ESTANDO FUERA DE LA ZONA DE SUFRIMIENTO,
ES MÁS FÁCIL SINTONIZAR CON EL AMOR Y LA LUZ QUE HACE FALTA EN ESTOS MOMENTOS.


Mil gracias por estar aquí,
Harumi Puertos

Lillian García Bosques
Walton Street Capital México
Av. Paseo de las Palmas 1005 7º piso
Lomas de Chapultepec México D.F. 11010
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